miércoles, 8 de junio de 2011

Bajo los ojos de la luna (III)

Aunque Otto era alto y corpulento, se movía con rapidez y soltura a través de los arboles y la espesura del bosque, parecía conocer cada palmo del terreno, sin dudar ni tropezar con ninguna raíz traicionera que se ocultase entre las sombras. A pesar de la facilidad con la que avanzaba, el hombre no paraba de refunfuñar y murmurar en voz baja y, cada vez que volvía la cabeza para comprobar si los elfos seguían sus pasos, sus maldiciones se hacían mas imperiosas.
Helluin y Malle le seguían desde hacía casi una hora, manteniendo un buen ritmo en el que apenas se separaban de él para no perderle de vista, parecía ser un buen guía, pero ellos habían vivido demasiado tiempo entre arboles para no ser capaces de seguirlo, aunque dejaban cierta distancia prudencial para no ser objetos de sus comentarios desagradables. Mallekith respondía a sus gestos con miradas funestas, casi esperando el momento idóneo para recriminar su actitud, pero Helluin hacía esfuerzos para convencerlo de que guardara silencio.
Alcanzaron el lindero que transcurría frente a un camino secundario y Otto se detuvo, observando detenidamente entre los arboles, mas allá podían verse los desperfectos de un par de carretas destruidas y varios hombres muertos en el suelo. El guía se volvió hacia los elfos, los miró directamente durante unos segundos, en los que parecía que iba a insultarles, pero finalmente alzó una mano e indicó con el pulgar a las carretas destrozadas.

- Aquí encontramos a Koller casi inconsciente. Ya sabéis que tenéis que hacer – dijo sin mas preámbulos, su voz era tosca y profunda, como si dos piedras raspasen entre sí en el interior de una cueva.

- ¿Es que no vas a acompañarnos? - preguntó Helluin, confusa. Malle no dijo nada, solamente le miraba con el ceño fruncido y los labios apretados en una delgada linea.

- Claro que no, es vuestra misión ¿Verdad? Apañaos solos- respondió secamente Otto, que ya empezaba a alejarse de vuelta a la ciudad, pasando de largo por delante de Sephi y sin darles tiempo a responder – ya encontraremos vuestros cadáveres – añadió con un leve susurro antes de desaparecer entre las sombras.

- Vamos Malle... – murmuró quedamente Helluin, acariciando sutilmente el brazo de su compañero, el cual se había posicionado sobra la empuñadura de la espada, tomándola con firmeza. Tiró un poco de él para que le prestara atención y dejara de mirar por donde se marchó Otto. El elfo asintió finalmente y relajó la postura para volverse y encaminarse hacia las carretas, por el momento lo olvidaría.
Avanzaron por precaución, el lugar parecía desierto y no se escuchaba nada mas que los sonidos normales de la naturaleza, pero los resultados de una matanza seguían presentes. Sobre el ancho camino de tierra los cuerpos de, lo que parecían ser, el comerciante y su guardia, yacían inertes y la sangre se mezclaba con el barro y la suciedad, dejando una imprenta macabra y sádica. Helluin arrugó la nariz cuando pudo ver mejor la escena, pero se acercó lo suficiente para observar el primer cadáver, mientras Malle y Sephi hacían lo mismo y buscaban alguna pista.

- Esto no a sido una batalla... los guardias aún tienen las armas guardadas, cogieron a la mayoría por sorpresa y al resto huyendo. - La voz de la elfa sonó ligeramente quebrada por la pena que sentía por aquellos hombres asesinados. Cerró los parpados del que tenía delante y se incorporó para ir junto a Malle, se sentía incomoda ante tanta muerte.

- Los carromatos están totalmente vacíos, debieron ser bastantes para poder llevarse todo lo que había. Demasiado bien ejecutado como para que fuera un comerciante rival ¿no crees? - Meditó el elfo casi para si mismo, expresando la pregunta en voz alta cuando Helluin llegó hasta su lado. En ese instante, Sephi les llamó la atención con un gruñido suave, se encontraba olfateando unos helechos que se encontraban apartados de ellos. Cuando se acercaron, vio que estaba buscando, habían varias pisadas en el barro que se alejaban del lugar y algunas ramas de los arbustos estaban rotas o dobladas, dejando un espacio visible entre ellas, sobre una hoja había una mancha oscura y aún húmeda. Malle la palpó con un dedo y se llevó tan solo la punta a la lengua, escupiendo ta un lado ras rozarlo ligeramente.

- Sangre, quizá hirieron a uno de ellos antes de morir, nos servirá para seguir su rastro. Sephi guianos. - Pidió a la tigresa, aunque ella ya se había adelantado a oler la sangre antes de avanzar a través de la espesura del bosque con rapidez y seguridad. De vez en cuando encontraban mas hojas cubiertas de sangre, aquel hombre debía tener una herida profunda que, con suerte, haría retrasar al grupo que le acompañaba y les daría a los elfos una oportunidad de alcanzarles.

Avanzaban con rapidez, pero con atentos y con las armas preparadas por si se encontraban de golpe con la banda de asesinos. Malle no se fiaba, podían llegar a ser peligrosos si los temores de Martha no eran infundados, él mismo imaginaba el riesgo de enfrentarse a, lo que podría ser, un numeroso grupo de hombres armados, entrenados y sin escrúpulos, sintió un escalofrío al imaginarse rodeado de una decena de cuchillos bien afilados dispuestos a clavarse en su cuerpo. Se apresuró a borrar esa idea de la mente, si se dejaba vencer por el nerviosismo perdería la confianza y no podía permitírselo, y aún menos si Helluin estaba a su lado, por ella no podía decaer. Podía verla correr junto a él, con el semblante tranquilo y la mirada decidida, era curioso como en ella hallaba la confianza que le costaba encontrar a veces en sí mismo, era como si ella pudiera darle lo que le faltaba a cada momento. Le sorprendió mirándola fijamente cuando volvió el rostro hacia él, pareció captar la forma en que lo hacía y se ruborizó ligeramente con una leve sonrisa tímida, pero se recompuso enseguida y el color de las mejillas desapareció con la misma rapidez con que apareció, le guiñó un ojo y volvió a retomar la marcha. Malle rió por lo bajo y se concentró también en la misión que tenían entre manos, siguiendo a Sephi de ceca para no perder su ritmo.

Viajaron a través de los arboles sin detenerse ni perder la pista de la sangre, hasta que llegaron a una zona donde la vegetación era mas dispersa, se acercaban al lindero del bosque y escuchaban el rumor del agua corriendo por un río que descendía no muy lejos de donde se encontraban. Sephi aminoró la marcha y empezó a caminar haciendo el menor ruido posible, Malle y Helluin también escucharon lo mismo que hizo detenerse a la tigresa, el sonido de varias botas que caminaban sobre la hierba y el chapoteo que causaban al lanzar algo al agua. Se aproximaron un poco mas, vigilando de seguir ocultos tras los arboles y guardando silencio para no alertarlos, lo que vieron les sorprendió a todos. Un grupo de cuatro hombres ataviados con ropajes negros transportaban cajas desde la entrada de una cueva hasta el río, donde lanzaban su contenido, que parecía ser el grano que había robado, solo uno se adentraba al interior de la cueva con una caja, los demás trabajaban en un absoluto silencio, sin hablar, ni quejarse o gemir por el esfuerzo, iban de un lado para otro con la mirada fija y una expresión neutral en sus rostros. Uno de ellos cojeaba notablemente por una herida que tenia en la pierna y dejaba un rastro de sangre por donde caminaba, estaba visiblemente pálido, pero a parte de eso, no daba muestras de que le doliera la herida. Malle intercambió una mirada con Helluin, que parecía haberse percatado de lo mismo, tenia la misma expresión de extrañeza. Siguieron esperando cobijados y Malle mantuvo una mano sobre el lomo de Sephi para que controlara sus ganas de lanzarse a por ellos, quería esperar un poco mas.

Tardaron unos pocos minutos mas en deshacerse de las cajas de trigo que quedaban y volverse de camino al interior de la cueva en el mismo silencio con que habían trabajado, pero uno de ellos, el hombre herido, trastabillaba a causa de la herida, hasta que finalmente se derrumbó boca abajo y dejó de moverse, sus compañeros le ignoraron completamente y le dejaron solo.
El elfo observó la escena boquiabierto y espero unos segundos mas a que se levantara, pero siguió inmóvil en el suelo. Finalmente se decidió a acercarse, se incorporó y se volvió hacia Helluin.


- Espera aquí, ahora vuelvo – Sephi ya avanzaba cautelosamente, pisando con extrema suavidad el follaje del suelo, sin hacer apenas ruido. Pero antes de que él diera un paso para seguirla, la elfa le sujetó fuertemente de una muñeca para retenerlo. Al mirarla vio una expresión de extrema preocupación y pensó que todo aquello era demasiado extraño e iba a decirle que no fuera, pero en vez de eso, suspiró y asintió para sí misma antes de hablar.

- Voy contigo, no voy a dejar que te metas tu solo ahí dentro.

En ese instante, la mujer que tenía delante aparcó toda inocencia y miedo que pudiera sentir y, decidida, se incorporó, tomo el arco que llevaba a la espalda y esperó a que Malle avanzara.
El elfo sonrió, admirado por la entereza que demostraba y por el compromiso que tenía con él, era valiente y sabía que estaba dispuesta a ir allá donde hiciera falta, durante un instante su mente creó una idea en la que ella iría solamente por estar con él. Esa imagen desapareció en el mismo instante, cuando Sephi gruñó suavemente para llamar su atención y al volver en sí vio que Helluin le sonreía y le animaba a continuar, se sintió como si fuera él el que no quería ir. Para disimular se aseguró de que sus espadas seguían en su sitió y, finalmente, salió de entre los matorrales y empezó a caminar hacia la cueva.
Los tres iban en completo silencio, tensos y vigilantes, esperando que en cualquier momento apareciera alguien gritando y corriendo hacia ellos empuñando un cuchillo, pero nada de eso sucedió. Terminaron de recorrer los metros que restaban hasta la cueva y llegaron hasta donde yacía el hombre herido, en la misma posición el la que había caído, Malle se agachó para comprobarle el pulso, pero no lo encontró, estaba muerto, había perdido demasiada sangre, hasta caer desmayado, sin fuerzas, pero su rostro seguía teniendo la misma expresión neutra, despreocupada, el elfo no podía entender esa resignación a la muerte, el poco valor que tenía una vida tanto para sus compañeros como para él mismo. Helluin se mostró aún mas consternada cuando se lo anunció, lo entendía tan poco como él, incluso ofendida por la poca compresión que habían demostrado los demás hombres. Se separaron del cadáver y se adentraron en la cueva, una caverna cuya entrada era amplia e iluminaba perfectamente todo su interior. En ella se hallaban varias cajas y carros desvencijados, unos cuantos harapos y mantas sucias estaban tiradas de cualquier forma por el suelo, en ella no había nadie, pero en el fondo una luz titilaba a través de una pequeña obertura en forma de puerta, con Malle por delante se aventuraron por ella.
La puerta conducía a un pasillo estrecho que estaba tallado directamente de la roca, iluminado por una antorcha que colgaba de la pared, al avanzar por él se fueron encontrando con una serie de puertas de madera robusta, todas ellas cerradas con llave y que no cedían ni un centímetro, por mucho que intentasen empujar. Cada paso que daban parecía resonar tenebrosamente por todo el pasillo, rebotando con un eco que, al volver a ellos, parecía un espectro que avanzaba haca ellos desde todas direcciones, camuflándose en las sombras que bailaban por la llama de las antorchas, la ausencia de cualquier otro sonido les otorgaba una sensación intranquila y extraña, sin darse cuenta, se vio caminando pegado a Helluin, tanto él como ella se había acercado mutuamente.
Tras girar varias veces por recodos y esquinas del pasillo, encontraron una puerta mas, pero esta se encontraba entreabierta y de ella salían sonidos de pasos y murmullos apagados de esfuerzo, era el momento de saber que ocurría. Malle desenvaino sus espadas, aferrando con fuerza las empuñaduras, el frío tacto le resultaba reconfortante, las hojas emitieron un silbante y suave sonido cuando el acero se deslizó por la vaina, detrás suyo escuchó como su compañera sacaba una flecha de la aljaba y acariciaba las plumas en las que estaba rematada, señal de que también ella se encontraba preparada. Apoyó la mano izquierda contra la puerta y empujó poco a poco.