Era ya bien entrada la noche y la habitación se encontraba casi en total oscuridad y silencio, ni un solo ruido rompía la total tranquilidad, la calle se encontraba totalmente desierta, aún mas si cabe de lo que había estado por la mañana, pero aún así Mallekith no podía conciliar el sueño. Contaba las horas que llevaba despierto mirando fijamente el techo de su habitación, tomándolo como un lienzo en blanco para sus pensamientos.
Quizá era por la falta de costumbre a dormir en una camada mullida y cómoda, o todo lo cómodo que podía ser un colchón relleno de paja, pero era algo muy distinto a la dura piedra o a la tierra donde cada noche, a la intemperie, le tocaba dormir el elfo. Alzó un momento la cabeza, mirando por el costado de la cama, como Sephi seguía durmiendo, con el hocico ligeramente escondido entre las patas, respirando profundamente a través de ellas, al menos ella si parecía descansar a gusto.
Quizá era algo mas lo que le quitaba el sueño, llevaba varios días intranquilo, dándole vueltas constantemente a lo mismo, sintiéndose culpable en su consciencia desde que abandonó, junto a Helluin, la cabaña donde habían pasado los días después de su naufragio. En parte se sentía responsable de ello, de haberla obligado a abandonar su casa y a seguirlo por tierras desconocidas, sin rumbo alguno, con el único objetivo, inconsciente, de alejarse de los recuerdos de su hogar. Por lo que a él se refería, aún tenia menos motivos por los que deambular hacia ninguna parte, desde que abandonó Darnassus, su ciudad natal, y dejó a su hermana a salvo en ella, no había tenido ningún objetivo por el que seguir adelante. Lejos ya de sus tierras y de la gente que aún lo despreciaba por lo que había hecho, simplemente le quedaba caminar y seguir caminando, sin ser capaz de quedarse en un lugar fijo.
Pero durante un tiempo eso cambió, había dejado de sentir la necesidad de huir y, por fin, se había sentido a gusto, aunque era reticente a llamarlo su hogar, a pesar de que Helluin le insistía en ello, le trataba de forma que casi no podía negarlo. Por ese motivo, y por ella, le dolió abandonar la pequeña casita cercana a la playa. En otras circunstancias habría seguido adelante sin mas, pero ahora era distinto, quería compensarle por ello, pero no se sentía capaz de obligarla a venir con él, ella era un espíritu libre. Por ese motivo se sorprendió, a la par que se alegró, de que ella le ofreciera aquello que él tan seguro estaba que rechazaría, de forma que hasta el día de hoy aún seguían juntos.
Se volvió para cambiar de postura, colocándose de lado en la cama, de cara a donde Helluin dormía, tumbado de lado hacia él. Durante unos instantes olvidó todo le que asaltaba su cabeza y le impedía conciliar el sueño, en ese momento sólo era capaz de ver la tranquilidad de un sueño reparador dibujado en su delicado rostro, decorado con una pequeña sonrisa que dejaba entreabiertos los carnosos labios de la elfa, ligeramente humedecidos por la respiración pausada y profunda que se colaba entre ellos.
Su cabello se retiraba en cascada por detrás de su hombro desnudo, dejando al descubierto la piel de su cuello, suave y pálida como el nácar, que se escondía bajo las sábanas blancas. Estás caían en armonía sobre su cuerpo desnudo, dejando entrever la sensual silueta de sus curvas.
La luz de la luna se colaba por la ventana, acariciándola y tiñéndola al iluminarla con su reflejo plateado, otorgándole una imagen de pureza y al mismo tiempo de bienestar que terminó contagiando al elfo, relajando paulatinamente, a medida que sus párpados se iban cerrando y la imagen de su rostro se le quedaba grabada en la cabeza, mirándole con unos ojos que resplandecían con un fulgor plateado.
-¡Eh, despierta dormilón!
Sus ojos volvieron a abrirse en lo que le pareció que fue unos instantes mas tarde, frente a él, el mismo rostro con el que había soñado le miraba con una amplia sonrisa divertida y con ojos iluminados, mientras que, su propietaria, se esforzaba por zarandearle por los hombros para despertarlo.
-Vamos, que ya has dormido suficiente. -al ver que ya había despertado se retiró de encima suyo y esperó, mirando por la ventana, a que se levantara - hace buen día hoy – dijo con su musical y alegre voz.
-Si tu supieras... - murmuró el elfo con voz pastosa, mientras se incorporaba y se sentaba en la cama, aún con el sueño que había tenido rondándole la cabeza. Sephi también estaba despierta y esperaba pacientemente, sentada frente a la puerta que él se decidiera a levantarse. -¿Cuanto llevas despierta?
-Un rato, me vestí, bajé a hablar con Martha que, por cierto, nos esta esperando - Malle alzó ligeramente las cejas al escuchar eso. Supuso que les pediría que ayudaran, algo que sería lógico, ya que les había permitido dormir en el templo – y estuve un rato mirándote, que gracioso estas cuando duermes y murmuras, tan tranquilito...- El elfo alzo la cabeza de golpe, mirando sorprendido como ella le devolvía una sonrisa divertida y, antes de que pudiera contestar nada, se encaminó hacía la puerta y salio junto a Sephi de la habitación. - Te esperamos a bajo, Martha te dejó aquí una tinaja con agua para que te laves. - le guiñó el ojo y desapareció escaleras abajo, seguida de Sephi, que caminaba elegantemente tras ella.
Mallekith las observó hasta que dejó de ver la cola de la tigresa, pensando en como había cambiado eso también, Sephi nunca se había alejado de él, pero ahora casi pasaba mas tiempo con ella que con el elfo, suponía que ella también necesitaría estar con una amiga, asique no le daba importancia, sino que se alegraba de esa relación. Se desperezó finalmente, bostezó para quitarse todo el sueño y recogió la tinaja, que le esperaba frente al dintel de la puerta, para lavarse un poco, a falta de poder darse un baño, se remojaría un poco la cara, el torso y las axilas, decidió que ya se lavaría en otro momento su larga cabellera blanca, no quería ir mojando todo el suelo del templo. Mientras lo hacía pensaba en el sueño que había tenido, habría jurado que la cara que vio le recordaba a la diosa Elune, pero al despertar y ver a Helluin frente a él le dio que pensar.
Cuando terminó de vestirse bajó por las escaleras hasta el comedor que vio la noche anterior al cruzar el pasillo, aunque aún había gente que comía y hablaba en pequeños grupos con quien compartían mesa, se encontraba mas vacío que la noche anterior, las familias pasaban aquí la noche, ya que era un lugar seguro y resguardado del frío, y por la mañana volvían a sus quehaceres. Al entrar escuchó un suave gruñido, al mirar vio que Sephi le estaba llamando, sentada al lado de una mesa donde charlaban Helluin, la anciana Martha y la chica joven que vio la noche anterior sirviendo. Al escuchar a la tigresa miraron hacia Malle y le hicieron señas para que fuera con ellas, Helluin se echó a un lado en el banco para que pudiera sentarse a su lado. El elfo le sonrió y les dio los buenos días.
-Vaya, eres tan... alto – la muchacha joven, que se sentaba al lado de Martha, le observaba visiblemente sorprendida, al darse cuenta de lo que dijo, bajó la cabeza un tanto avergonzada – Es que... no pensaba que lo fuerais tanto los elfos... - Malle le miró sin entender muy bien ese comentario, igual que Helluin, aunque ella parecía algo contrariada.
- Esta es la hermana Irina, me ayuda mucho con todas las tareas, es muy buena chica – intervino Martha- Cariño ¿Porque no les traes el desayuno? Estos muchachos ya deben tener hambre.
-Si, claro, enseguida, enseguida – La joven se levanto un tanto apresurada, tanto que tropezó ligeramente con el banco y casi estuvo a punto de caer, por la prisa que tenía por dejar de mirarles a causa de la vergüenza.
-No os sulfuréis chicos, se que no sois precisamente niños, pero ella no lo ve de ese modo y para que no haga preguntas.... – les susurró la anciana, mientras Irina se alejaba y hablaba con otra mujer corpulenta que llevaba un delantal sobre su sotana gris. Martha les dedicó una sonrisa amistosa y significativa, antes siquiera de que los elfos pensaran en decirle nada. - Helluin me estaba contando como os conocisteis, que se alegró mucho de que el barco te llevara hasta su playa.- Malle alzó una ceja y volvió la cabeza hacia la elfa, que en ese instante abría los ojos de par en par, ligeramente azorada.
-Mas que el barco... fue la marea que me arrastró a la playa después de que naufragara – Martha arqueó las cejas, sorprendida ante esa declaración – Ella me rescató de la playa y cuidó de mí.
-¡No fue para tanto, sólo me encontré contigo y te dí una cama! - Intervino rápidamente Helluin, quitando importancia a todo ello y evitar el tema.
-Y suerte que fuiste tu quien me encontró, si hubieran sido unos salteadores o unos piratas...
-¡No digas eso! No te abría pasado nada... - Exclamó, quizá con demasiado ímpetu, pero suavizó el tono, mirándole con pesar en su rostro, rozando su brazo con los dedos. Malle le sonrió y le acarició
la mano como respuesta.
Martha suspiró al ver esa escena, manteniendo esa sonrisa entrañable que le caracterizaba. Irina volvió al poco con una bandeja, donde levaba una jarra con leche y un par de boles con copos de avena. Les sirvió uno a cada uno sin decir palabra alguna, con la cabeza agachada, pero de vez en cuando lanzaba una rápida mirada a Mallekith, cuando este se dio cuenta la muchacha se puso roja de repente y se marchó con la bandeja hacia la cocina.
- Le resultas curioso – Martha se divertía al observar cada gesto de cada uno en esa escena. - Nunca había visto a un elfo nocturno y aún menos con el pelo así, te habrás fijado como mira tus orejas.
-Ya, claro... - Murmuró Helluin bastante escéptica, siguiendo a Irina con la mirada hasta que se metió en la cocina. Mallekith le miró y estuvo a punto de decir algo, pero ella evito esa mirada y tomo una cucharadas de su bol – Por cierto, aún no nos has contado como terminaste aquí.
- Es cierto, es cierto, casi ni me acordaba de ello... - La mujer suspiro y junto las manos por encima de la mesa, entrelazando los dedos, en ese instante su semblante cansado mostraba la verdadera edad que tenía. - Hace mucho tiempo ya de eso, fue poco tiempo después de que marcharas, estaba sola con Nuca, creo que no la conociste, era una perra preciosa, te habría encantado... - Sonrió con melancolía, cada detalle que intentaba recordar parecía una punzada en su corazón – Entonces vinieron unos hombres, ni se de donde eran, ni porque venían... a robar supongo. Destrozaron los huertos, quemaron la capilla y a mi... yo logré escapar y colarme en una caravana hasta que llegué aquí, lo demás son cosas aburridas. - Terminó forzando una sonrisa, que intentó que fuera convincente, realizando un pequeño movimiento con la mano para quitarle importancia, al ver como los dos elfos le miraban con visible preocupación.
La puerta del templo se abrió sin que nadie llamara previamente, Martha esperó a que quien entró llegara hasta el comedor, tenía una expresión de curiosidad en su tranquilo rostro, pero se tornó en preocupación cuando vio al corpulento hombre que entraba nervioso y corriendo, su calva brillaba por el sudor que la recorría y su espesa barba anaranjada estaba enmarañada, apresurándose a llegar hasta ella, al ver a los elfos dudó un instante y frunció el ceño, pero decidió finalmente hablar.
- ¡Ha vuelto a pasar!¡Han asaltado otro envío! - Martha se levantó de golpe, alarmada, con una agilidad y vitalidad pasmosa para su edad – Koller ha sido el único que a vuelto, pero no se si aguantará mucho tiempo...apenas nos contó que les atacaron hombres encapuchados y que robaron todo el cargamento de comida, a perdido mucha sangre... - El hombre habló con rapidez, nervioso, su voz ronca denotaba dolor al tiempo que preocupación.
- ¿¿De nuevo??¡Shaiya bendita!¿Pero en que país vivimos, que atacan caravanas de religiosos inocentes? - Martha estaba enfurecida, su arranque de de genio le hacía parecer incluso mas alta y peligrosa que el enrome fortachón, hasta él retrocedió medio paso. Al darse cuenta, la anciana respiró profundamente y se sentó de nuevo en el banco, frotándose la frente con los dedos, volvía a tener su semblante derrumbado. - ¿Como lo haremos ahora dar de comer a esta pobre gente?
Helluin zarandeó suavemente el brazo de Mallekith para llamar su atención y le mirara, ambos elfos compartían la misma expresión de tristeza y congoja, Malle asintió, sin necesidad de que ella dijera nada.
- Martha, déjanos ayudarte, podríamos buscar el cargamento y traer de vuelta lo que podamos.
- ¿Vosotros, unos elfos? ¿Pero que creéis que podéis...?
- ¡Otto, basta! - La anciana respondió con rapidez ante el comentario del hombre y, junto al rugido de Sephi, que se había tensado y le enseñaba, amenazadoramente, sus largos colmillos, hicieron que guardara silencio y se retirara un paso atrás mas, Malle se apresuró a posar una mano sobre su lomo para evitar que se lanzara la tigresa. - No puedo dejar que hagáis eso, eso es problema nuestro y de la guardia, es demasiado peligroso.
- Queremos pagarte todo lo que has hecho por nosotros, yo sobretodo... - Helluin le hablaba casi suplicante, se acercó un poco mas a ella, inclinándose sobre la mesa, poniéndose cara a cara con ella para que pudiera ver su mirada insistente y preocupada. - Además, no nos pasará nada, Malle ha pasado por...
-¡Esto es una broma! ¿Como vais a solucionar vosotros dos solos? Dos sucios y asquerosos... - Sephi casi se lanzó sobre el hombre, Malle tuvo que levantarse y sujetarle con ambos brazos para evitarlo, solo su contacto hizo que la tigresa se contuviera. Otto se cayó, pero mantuvo su mirada desafiante y despectiva, alzando la cabeza altivamente.
- Otto, por el amor de Shaiya, callate... - La voz de Martha sonó cansada, pero autoritaria, a ella le gustaba tan poco como a los elfos que hablase así. - No me gusta esa idea, pero... - Suspiró y negó con la cabeza, al mirar fijamente a Helluin se dio por vencida. - Esta bien, pero si os ocurre algo no os lo voy a perdonar nunca. - El rostro de Helluin se iluminó de golpe y dejó escapar una pequeña expresión de alegría, saltó y abrazó a Malle por la espalda, que seguía reteniendo a Sephi.
-Ya verás como todo saldrá bien, Martha. - Tomó las manos de su amiga, mirándole con absoluta seriedad, demostrando su compromiso. Otto chasqueó la lengua, dio media vuelta y salió del templo con pesados y rápidos pasos, farfullando maldiciones.
- Recoged lo que necesitéis, Otto os guiará, aunque no quiera, yo me encargaré. Volved antes de que anochezca y que la virgen os guarde – La anciana realizó una señal en forma de U, con sus dedos, sobre la frente de los elfos. Se volvió y salió hacía el exterior del edificio, Helluin pudo ver el temor grabado en cada mirada de su amiga. Sonriendo, se levantó del banco y rozó la espalda de Malle, recorriendo un camino con el dedo hasta su hombro, ella en cambio estaba segura que no ocurriría nada.
me encanta me encanta me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa >3< aiiiiiiiiii cada vez se parece mas ami y el ati muajajaja porque sera? :3 jijijiji te amo vida mia sigue asi que me tienes enganchadita viva *O* amos auna mision suicida wiiiiiiiiiiiiii x3 XDDDD te amo!!!!
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