jueves, 17 de marzo de 2011

Bajo los ojos de la luna


-Deberíamos acercarnos a ese pueblo.

Musitó Mallekith con un leve susurro, mirando de soslayo a su compañera de viaje, Helluin, esperando su negación. El sentía el mismo recelo que ella a entrar en una población donde era mas que probable que recelaran de ellos dos, por el simple echo de ser elfos, confundiendolos con criaturas oscuras, pero necesitaban aprovisionarse de flechas y alimentos, ya que aquella zona era pobre en caza. La elfa también lo sabía, asique se limitó a contestar con un simple gimoteo en forma de queja. Mallekith sonrió ante aquel gesto, Helluin era una elfa adulta, decidida y madura para tomar decisiones y con un cuerpo bien formado, cuyas voluptuosas curvas se dejaban entrever perfectamente a través de su ropa, un traje de cuero que consistía en usa botas, un pantalón ceñido y una blusa con un sensual escote, muy a juego con los ropajes de su compañero, que tb vestía totalmente de negro, pero la caracterizaban una variedad de gestos infantiles que animaban, a la par que agradaban, al elfo. Su compañía, desde que empezaron a viajar juntos, había sido una de las pocas cosas que lograban arrancarle una sonrisa y hacerle olvidar sus penurias pasadas.
Aún recordaba como se habían encontrado después de aquel naufragio en el que sobrevivió, prácticamente le había rescatado de la playa y acogido en su pequeña casita, lamentaba que la hubieran abandonado precipitadamente, a veces, cuando pensaba, seguía sintiéndose culpable de ello, pero le tranquilizaba ver que ella no le daba tanta importancia y se sentía tan a gusto como el. Incluso Sephi, la amiga que siempre había tenido a su lado, una enorme tigresa de bengala blanca, agradecía una compañía femenina. Muchas veces podría mostrarse osca y reservada, pero Malle podría notarlo por el vínculo que los unía, ademas del comportamiento que empezaba a tener con Helluin, casi tan cercano como con el.

Ya dejaban el camino boscoso atrás y alcanzaban el perímetro amurallado de la ciudad, el muro, hecho de firmes bloques de piedra, se alzaba una veintena de metros por encima de sus cabezas, imponente, presentaba una medida disuasoria de primera magnitud frente a posibles asaltantes. Una pareja de guardias equipados con corazas y lanzas custodiaban el portón principal, vigilando cada viajero y carro que enraba y salia de la ciudad. Como esperaba Mallekith, sus ojos se centraron directamente en el nada mas aproximarse, podía leer la desconfianza en sus ojos, pero esperaba que aún así no les detuvieran. Sin embargo, la dudas que tenían se disiparon cuando vieron por primera vez a la elfa, sin duda atraídos por su físico y su atractivo, y cruzaron sus lanzas frente a ellos dos, barrándoles el paso, lanzando descaradas miradas lascivas a Helluin, que no lograban pasar desapercibidas para ellos.

-Extranjeros por aquí...curioso...

Mencionó uno de ellos, con un marcado deje de desprecio al arrastrar las palabras, amplió una sonrisa burlona que no indicaba nada bueno, su compañero se plantó frente a Malle, mirándolo con ojos furiosos que le retaban a sacar su arma. El primero de ellos se acercó con seguridad a Helluin, alargando una mano hacia su brazo, con la intención de agarrale. Pero se detuvo a medio camino antes de tocarla, abriendo los ojos de par en par al ver a la enorme tigresa que, sigilosamente, se había situado a su lado y le gruñía, mostrando sus colmillos, del tamaño de dagas, ambos soldados tuvieron suficiente para apartarse un paso y relajar su postura, aunque el miedo seguía patente en sus rostros.

-Eh... extranjeros... tenemos que advertirles...¿no crees Dieter?- este asintió rápidamente, aunque no dijo palabra alguna, para enfado de su compañero, que veía que no obtendría ayuda de el e intentó seguir con naturalidad, a pesar de las constantes advertencias de Sephi – advertirles de que... tengan cuidado...si...con el brote de plaga que afecta a nuestras reses.

Terminó la frase con rapidez y se volvió para ocupar de nuevo su puesto, fingiendo que ahora prestaba su atención a otro aldeano que salía en ese momento por el portón. Los dos elfos compartieron una mirada de alivio y Helluin acarició con cariño la cabeza de la tigresa , agradeciendo su intervención, antes de proseguir al interior de la ciudad.

Una vez dentro, pudieron comprobar como las palabras de aquel soldado corroboraban lo que mostraban los rostros de la multitud de aldeanos que deambulaban por las calles. La ciudad era grande y poblada, de aspecto prospero, pero respecto a sus habitantes era todo lo contrario, parecían haber sufrido una infinidad de penurias, personas de aspecto macilento y sucio, rostros serios y de mirada casi inexpresiva, que caminaban con pasos cansados, pero de forma rápida, como si no quisieran permanecer mas tiempo del debido fuera de sus casas. Mallekith se sorprendió al comprobar que los temores que sentía a ser señalado como a un paria no iban a cumplirse, cada persona con la que se cruzaban bajaba los ojos y evitaba a toda costa mirarles.

-¿Que les pasa a toda esta gente, Malle?-escuchó como la cantarina voz de Helluin le susurraba casi al oído, casi pegandose a su cuerpo para que sólo le escuchara él. Al volver el rostro hacia ella vio el mismo desconcierto y preocupación que sentía el elfo, sin dejar de mirar a cada uno de los hombres y mujeres con los que se encontraban.

-Una época mala que estarán pasando, nada mas- le respondió con la mayor tranquilidad, pasando un brazo por detrás de su espalda para acariciarla con la intención de calmarla y hacerle ver que no se encontraba sola, le complació ver como ella respondía con una pequeña sonrisa tierna.

Ambos elfos, seguidos bien de cerca por Sephi, continuaron por la calle principal de la ciudad, buscando algún cartel que les indicara donde podrían encontrar una herrería, varias veces se encontraron con algún, pero todos los negocios al que pertenecían se hallaban cerrados y no veían a nadie en su interior. Parecían tiendas abandonadas y cerradas a causa de una crisis, algo extraño tratándose de herrerías, negocios tan requeridos en una época como en la que vivían.
Finalmente desistieron de seguir buscando y optaron por dirigirse hacia una posada o un bar con buen aspecto y no fuera una taberna de puerto. Esta vez tuvieron mejor suerte, fue mas fácil encontrar un pequeño local de aspecto limpio, aunque si les costó entrar por la multitud congregada en su interior, los que no se refugiaban en sus casas parecían cobijarse en lugares como aquel.
Mientras Sephi esperaba fuera, fueron abriendose paso entre el gentío a base de sutiles empujones y apartando a alegres borrachos con el brazo, hasta llegar a la atestada barra y lograr hacerse un hueco. Tras esperar un buen rato a que alguien les atendiera, Malle, para hacerse escuchar, logro que un camarero, grande y calvo, que llevaba un delantal manchado de bebida sobre una camiseta sin mangas, se acercara a ellos y el elfo pudiera pedir algo de comida.

-¿¿¿Dos platos de que??? Ya me gustaría servirte algo jovencillo...- el elfo le dedicó, primero, una mirada un tanto molesta por como se refirió a él, pero enseguida la curiosidad y la duda la reemplazaron – Si, si, no me mires así, solo puedo servirte licor de patata, casi toda la comida me la han requisado y no recibo un envío desde.... la última vez fue cuando...

El elfo se giró hacia Helluin, que una vez mas compartían una mirada contradictoria, mientras el tabernero seguía hablando y hablando sobre sus divagaciones y su negocio. Mallekith se avanzó ahora, cortando su monólogo, para expresar lo que ambos elfos estaban pensando.

-¿Quien te a requisado toda la comida? ¿No habrá ocurrido lo mismo con las herrerías?- el tabernero se calló de golpe, pareció durante un instante molesto, pero siguió hablando como si lo hiciera para un chico de colegio.


-Pues el conde¿quien va a ser sino? Se ha dedicado a recoger toda la comida para racionarla por to el asunto de la peste y, si, también lo ha hecho con las armas y los herreros de la ciudad, ahora trabajan para él a marchas forzadas. Lo que hace el poder eh...? Si queréis comer algo o bien lo cazáis y me lo traéis para que lo cocine...-amplió una cómica sonrisa, pero enseguida se congeló al ver como, esta vez Helluin, le atravesaba con la mirada, casi colocandose frente a Malle-... o bien visitáis el templo de Shaiya que hay aquí cerca, ahí dan de comer a los pobres, asique es el único lugar donde encontrar comida fácil, poca, pero fácil.

Nada mas terminar la frase se volvió hacia otro cliente, aprovechando para evitar la mirada de Helluin. Ambos elfos, sin mas preámbulos, salieron del local y volvieron a la tranquila calle, lejos de la agobiante muchedumbre.
Se dirigieron en busca del templo, no solamente en busca de comida, sino también para conseguir alguna respuesta para lo que estaba sucediendo. Fue fácil de encontrar, un enorme edificio de estilo gótico, construido casi por completo con bloques y columnas de piedra, con una decoración austera, nada ostentoso ni llamativo. El edificio principal era rectangular, con varias ventanas y vidrieras, ademas de un gran portón que hacía de puerta principal. En un lateral de este, se alzaba una torre circular, coronada con un tejado triangular de tejas oscuras, en cuyo vértice podía verse brillar una pequeña escultura dorada d una mujer con los brazos alzados, bajo ella, una campana colgaba tranquila en su interior.
Un par de hombres, desaliñados y con la ropa sucia y rota, estaban sentados en los escalones que llevaban a la entrada del templo, alzando una mano temblorosa para pedir limosna, uno de ellos, incluso de forma bastante insistente, hasta casi perseguir a una mujer que intentaba ignorarlo.
Los dos elfos subieron las escaleras, ignorados por los mendigos, sin duda amedrentados por la presencia de Sephi, aunque ella solamente seguía los pasos de Mallekith mansamente.

De la puerta colgaba una pesada aldabas que representaban dos manos que se unían en forma de cuenco. El elfo la tomó la golpeó dos veces contra la pesada madera, no esperaron demasiado hasta que apareció una mujer mayor al abrir el portón lentamente, a causa del peso.

-¿Que se le ofrece jóvenes?- preguntó con voz agradable aunque cansada al asomarse un poco. Vestía una sotana gris que le cubría todo el cuerpo y unas sandalias simples, remendadas y deshilachadas, de su cuello colgaba un medallón donde había grabado la imagen de una mujer con los ojos cerrados y una débil aureola alrededor de su cabeza. El cabello de la anciana era casi por completo blanco y su rostro estaba surcado de arrugas, sin embargo sus ojos eran de un azul intenso que mostraba toda su fortaleza de espíritu con aquella mirada firme y bondadosa. Observo primero a Malle con curiosidad y después se fijó en Helluin, momento en que su expresión cambio por completo y sus ojos se iluminaron y tomaron aún mas fuerza si cabe.
-¡¡Por Shaiya bendita y el magnánimo Sigmar, eres tu Helluin!!- estalló la mujer con una inmensa alegría, abriendo de golpe la puerta, ignorando lo pesada que era,y adelantándose para abrazar la elfa. Mallekith se mantuvo a un lado, observando con curiosidad.- Como has cambiado hija mía... la ultima vez que nos vimos aún era mas alta que tu...- La anciana sonrió con benevolencia y un intenso sentimiento de nostalgia en su rostro, le tomaba las manos en un gesto cariñoso sin dejar de mirarla ni un segundo, dando la sensación de que hacía tiempo que no sentía una alegría así.

-¡Que alegría Martha, no esperaba verte aquí!- respondió enseguida, devolviendole un cálido abrazo, rodeando el pequeño cuerpo de la anciana, igual que ella, Helluin se mostraba También ilusionada y alegre de encontrarse con esa mujer- Creía que aun vivías en aquella capilla.


-Las cosas... han cambiado hija mía...-Martha sonrió con tristeza, acariciando el rostro de la elfa, igual que haría una abuela con su nieta- pero entrad, entrad, no os quedéis ahí, seguro que tu amigo y tu tenéis hambre, con lo que esta pasando últimamente...-miró de soslayo a Mallekith cuando lo nombró, sonriendo de forma curiosa, el elfo tubo la sensación, en ese instante, de que podía conocerle solo con un vistazo -Tu también gatita, no tengas miedo de entrar. -dijo antes de entrar, acariciando con total confianza la cabeza de Sephi, esta no reaccionó de forma irascible, si no que la siguió a interior tras comprobar que el elfo, sorprendido, iría con ella.
- Vaya sorpresa, no esperaba que conocieras alguien de aquí – comentó el elfo, entrando ya junto a Helluin en el templo.

-Yo tampoco me lo esperaba- reconoció la elfa, compartiendo la misma cara de sorpresa que él – La conocí hace mucho tiempo, yo era una niña casi cuando escapé de mi poblado, unos...hombres me sorprendieron en el camino... pero ella me salvó y me llevó a una pequeña capilla, cerca de las montañas, donde cuidó de mí, hasta que decidí seguir yo sola, desde entonces no la he vuelto a ver...

-Desde entonces hay cada vez mas ladrones y bandidos, incluso algunos con la piel verde -interrumpió la anciana, que a pesar de ir mas adelantada, parecía haber escuchado todo- Un grupo de esos malna... de esos descarados quemaron y saquearon la capilla, me trasladé y aquí estoy, es una historia mas aburrida, incluso, de lo que suena-hizo un pequeño aspaviento con la mano sin volverse, para quitarle importancia al asunto- Y me alegro de ello, últimamente mucha gente necesita ayuda por aquí, a veces demasiada para solo tres sacerdotisas... -la anciana suspiró con resignación.

Pasaron por un largo pasillo que conducía a una amplia estancia donde se realizaban las misas, pero se había acomodado para instalar un comedor, con multitud de mesas, casi tantas que casi no había espacio para pasar entre ellas, y, sentados en bancos, grupos de personas, familias enteras, llenaban las mesas, comiendo paupérrimas raciones, una mujer mas joven, vestida igual que la anciana, corría de un lado para otro llevando platos y limpiando lo que podía.
Marha siguió adelante, guiándolos por unas escaleras de mármol,en forma de caracol, que ascendían al piso superior. Otro pasillo mas discurría en la segunda planta, pero la anciana entro por la primera puerta que había.

- Perdonad que no pueda ofreceros mas, pero como habéis visto, estamos hasta los topes, no tengo ni idea de lo que esta haciendo el conde, se preocupa de sus asuntos de alcoba antes que de su pueblo, si lo tuviera enfrente... - terminó la frase con un murmuro, acallando la parte final al morderse la lengua. Mallekith entró tras Helluin y echó un vistazo a la habitación, era pequeña y austera, las paredes de yeso blanco decoradas solo con una pequeña ventana y una imagen de Shaiya sobre el marco de la puerta. El único mobiliario que había eran dos camas pequeñas, casi pegadas, y una mesita de noche entre ellas, a pesar de todo, la habitación estaba limpia y arreglada.

- No hacía falta esto Martha, de verdad, no queríamos pedirte tanto... - comentó Helluin, mirándola con una sonrisa cariñosa.

-¡Ni falta que hace que me lo pidáis!-respondió rápidamente la anciana, colocando los brazos en jarra y frunciendo el ceño – ¿Como iba a dejarte fuera en la calle? Ni a ti, ni a tu amigo – sonrió nuevamente a Malle, haciéndolo sentir nuevamente de forma extraña. - Supongo que no os molestará dormir en la misma habitación... - mencionó y, antes de que respondieran, volvió a hablar, como si no necesitara contestación - ¡Bueno! Acomodaos un poco mientras os traigo algo de comer, seguro que no habéis comido nada en todo el día. ¡Virgen Shaiya... estáis en los huesos!


La mujer se marchó por las escaleras murmurando para ella misma, dejando a los elfos solos en la habitación. Sephi no tardó en acomodarse a los pies de una cama, se sentó y estiró el cuerpo con un silencioso bostezo, antes de estirarse por completo y apoyar la cabeza sobre sus patas, mirando a Malle con unos ojos tranquilos y cansados.

- Creo que ella ha escogido ya – Sonrió Malle, mirando a la tigresa con cariño.

-¡Entonces esta para mí! - Respondió rápidamente Helluin, lanzándose sobre la otra cama, exclamando un pequeño gritito cómico de exaltación, riendo al ver como le miraba Malle -Echaba de menos una cama... -comentó encogiéndose de hombros con un leve deje de vergüenza.
El elfo rió una vez mas ante un gesto de ella, a pesar de que eso acrecentaba su vergüenza, pero agradecía esos momentos distendidos. Finalmente él también se dejó caer sobre la otra cama, exhalando un suspiro de cansancio, a través de la ventana podía ver como el sol se iba escondiendo y dejaba un cielo anaranjado que no tardaría en oscurecer del todo.

-¿Sabes? Me trae recuerdos esto, el lugar no es igual...pero me acuerdo cuando vivía con Martha y me enseñaba a cultivar verduras, cazar, incluso a que me interesase por los libros. -Malle volvió la mirada hacia ella para escucharla, la veía tranquila estirada boca abajo, apoyando la barbilla en sus manos, sonriendo al recordar todo eso y mirando al infinito para intentar evocar cada imagen, imaginaba que él mismo estaría igual de nostálgico durante los momentos en que recordaba su tierra natal.

- Se nota que os queréis mucho y que te echaba de menos, pero..¿Porque te marchaste?-preguntó el elfo, que estaba desabrochándose la capa y las botas para estar mas cómodo.

- Yo también la echo de menos muchas veces, ha sido lo mas parecido a una madre que he tenido. Me alegro mucho de haberla conocido, pero acabé marchándome por el mismo motivo por el que me fui del poblado, era joven y tenía la necesidad de vivir sola- se encogió de hombros, mirando fijamente a la ventana.

- Entiendo, todos hemos tenido juventud-Malle sonrió, dejó la capa doblada a los pies de la cama y se estiró de lado para poder seguir mirándola- ¿Te arrepientes de haberte ido después de todo este tiempo?

Helluin volvió la mirada nuevamente hacia él, se apartó un mechón de su oscura melena de la cara y se mantuvo en silencio durante unos segundos, pensando en la respuesta. En medio del silencio de la habitación solo escuchaba su respiración pausada, que hacia subir y bajar tranquilamente su delgado y estilizado torso, cuya espalda dibujaba una delicada curva y que continuaba en una armonía de sus formas por sus piernas, alzadas sobre el colchón. Sus ojos se fijaron en los de él,podía ver desde su cama, como reflejaban la luz que entraba por la ventana, iluminando un bonito ocaso en ellos. Compartieron una larga mirada que duro varios segundos, en los que ninguno de los dos mostró incomodidad, sino una comprensión mutua. - Y no- dijo simplemente, dibujando una bonita sonrisa en su rostro.
En ese instante llamaron a la puerta y, sin esperar respuesta, la anciana volvió a entrar, llevando una bandeja con varios platos y una jarra

-Aquí tenéis chicos, agua y un poco estofado que ha hecho la hermana Viveka, le sale muy bien-dijo alegremente, dejando la bandeja sobre la mesita de noche. Cogió uno de los platos, que estaba lleno de carne, y se lo llevó a Sephi, dejándolo en el suelo frente a ella, que lo agradeció con un ronroneo y empezó a comer con deseo -Lo que decía, estáis muertos de hambre. ¡Venga, no os entretengáis, que se enfría!-Martha, con prisas, seguramente por el trabajo que le esperaba abajo, salió y cerró tas de sí para dejarles comer tranquilos.
Vaciaron los platos con rapidez, hablando tranquila y distendidamente, sin preocuparse mas del tema que habían tratado antes. Sephi se durmió nada mas terminar, respirando profundamente, teniendo el hocico cómodamente puesto sobre sus patas, Malle se dispuso a hacer lo mismo, quitándose la camisa y el jubón, para quedarse solo con los calzones, pero Helluin esperaba, mirándolo detenidamente.

-¿Ocurre algo?-preguntó el elfo, al volverse, después de dejar la ropa bien puesta a los pies de la cama. Observó como durante todo el rato estuvo mirándole, sentada, sin levantarse de la cama, con las manos apoyadas en el colchón, una a cada lado de su cuerpo. Durante un momento creyó que no iba a decir nada, hasta que se levanto y se quedó frente a frente con él, posó una mano sobre su pecho, acariciándolo con suavidad mientras lo dejaba caer para separarla de su cuerpo.

- ¿Puedes...volverte?-dijo finalmente, casi murmurándole con cierto reparo. Malle sonrió y se giró hacia la pared y espero pacientemente hasta que ella le avisase. Cuando terminó ella estaba metida bajo las sabanas, tapada asta el mentón y toda su ropa doblada sobre la mesita de noche- Que descanses Malle- le dijo sonriendo, medio somnolienta, pero agradecida por tenerle ahí.

-Que Elune guíe tus sueños, descansa tu también Helluin- respondió él, metiéndose en su cama para intentar acomodarse y dormir, después de tanto tiempo, casi se había acostumbrado al duro suelo.

1 comentario:

  1. me encantaaaaaaaaaa x3 esque esta wapisisisisma per jo ya se acabao? T____T jope.... yo queria un ratito mas...xD vale.... me gusta mucho quiero mas ò.ó te amo *·* guapooooooooooooooo :D la historia me a encantadoy encima de todo es genial ladescrpcion y todo x3 muajajajajaj sigue asi vida mia pronto publicas un libro xD

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